"Nothing. . . Everything. . . Nobody. . . Somebody."

Monday, October 8, 2007

Nuestro Herralde acusa a los peruanos de ser agüitatibias


Donde el bloggista piensa que quizás esa característica psicológica de nuestro pueblo sea positiva, gracias al cielo

Uno de nuestros más preclaros escritores, Alonso Cueto, ha tenido el tino de recordarnos hoy a los peruanos en Peru21 cómo usamos el lenguaje para nunca decir las cosas de frente. Somos oblicuos, nos dice, medio que sí, medio que no, caletas no más, morigerados, espantados de hacer afirmaciones o negaciones rotundas. Claro, también dice que hay excepciones y con eso nos calmamos todos y transforma de paso su transgresora columna en fool-proof y apta para todos.

Es paradójico: el mundo de la literatura peruana, por lo que sé, está lleno de comentarios categóricos, sulfurosos, sulfurantes, extremos, brutales, altisonantes, exagerados, hiperbólicos, mandadazos, arbitrarios y, sobre todo, cague de risa. Y es justamente en consideración de esas calenturas extremas en los juicios, que muchos en el salón de clases y en los pasillos silenciosos de las bibliotecas piden mesura, moderación, distancia, perspectiva, pensar antes que hablar y, sobre todo, silencio bestia.

Pero quizás Cueto no se refiera a ese mundo, sino al mundo de la gente común y silvestre. Al del taxista, del yuppie, del empresario de los secretos del carajo, del ama de casa, qué se yo. En el último párrafo escribe esta pequeña anécdota que ilustra su punto:

"Hace algunos años estaba en un cine viendo El resplandor. En la escena en la que un enloquecido Jack Nicholson entra con un hacha al cuarto para matar a su esposa y a su hijo, un señor que estaba en el asiento de al lado me dijo en voz baja: "Está un poquito alteradito el señor, ¿no?"

Y sí pues. Imagínense si un alteradito Nicholson fuese el encargado de hacer las reseñas de los libros de Cueto en El Comercio o en Peru21. Y que además usara su pluma como un hacha. Nicaraguas. Felizmente la prudencia y el profesionalismo críticos tienen a la mano muchos términos que protegen la integridad de los hijos de nuestra nada modesta República de las Letras: "interesante", "eficiente ejercicio", "serena visión", "una sustantiva contribución", "una muestra más de su particular universo creativo".

Imagínense si no fuésemos así. Qué miedo.

(PD: La columna de Alonso Cueto no está online todavía. La linkeo cuando aparezca. Mil disculpas)

9 comments:

Anonymous said...

Bueno, no por algo el postre que nos identifica es la mazamorra. Ni solido, ni liquido. Somos asi, de puertitas entreabiertas. Y de vez en cuando aplaudimos golpes de estado.

Luis

JuanK said...

Si pues... las personas que han estado en Europa captan la diferencia entre la forma directa de los europeos y los eufemismos que usamos los peruanos para no llamar las cosas por su nombre. Al culo le llamamos poto; a la puta, chica mala, mariposa de la noche, malcriada... siempre buscando otras palabras más suaves para no herir la sensibilidad de los demás... A mi me parece genial porque enriquece el léxico de las personas.. a no ser que les guste el lenguaje directo, brusco, desnudo y a veces bruto de los europeos.

Anonymous said...

cueto, que no sabe escribir español, se pone filòsofo y dice que el diminutivo es una reducciòn del mundo, y elige una anècdota que, desde luego, no le hace ningùn favor al diminutivo

sin embargo, el comentario del señor del cine tambièn hubiese sido una reducciòn del mundo (del mundo de kubrick) si se hubiese presentado sin diminutivo:
"El señor està un poco alterado, ¿no?" ; igual hubiera resultado cojudo escuchar ese comentario en ese momento, porque nadie quiere que le caguen la película

los diminutivos son palabras, no son debilidades lèxicas como algún ignorante podrìa suponer, pueden ser bien usados o mal usados, pueden gustar o no, son palabras

hay ese texto de vargas llosa "un champancito hermanito" que muchos citan para avergonzarse del diminutivo, pero segùn abelardo oquendo su pata vargas llosa invariablemente se despedìa diciendo "hasta lueguito", tal vez para edulcorar la despedida

Anonymous said...

Sin ir muy lejos, durante una reunión, ansioso por saber el resultado del premio Herralde, Cueto inquirìó al famoso editor: "Jorge, hermanito, ¿tendrá alguna posibilidad mi novelita?"

Anonymous said...

Por favor, no confudan las cosas. Alonso no entra en vainas, el siempre habla claro. Cuando le preguntaron qué opinaba de los plagios de su amigo Bryce, fue tajante al condenarlos. Y cuando RGV le mezquinó una reseña, un elogio, Alonso, valientemente, envió a su perro chihuahua "Felipillo" Thays a que le diga en su cara pelada: CEREBRO DE CASCARA DE NUEZ.
Así hablan los verdaderos escritores: claro, de frente y sin medias tintas.

Mariano Orosco Zumarán said...

Estimado Fantomas:

Soy un peruano de 36 años y no fui precisamente oblicuo el 31 de marzo de este año, fecha en que envié un comentario al blog de Gustavo Faverón referido al plagio —nunca aclarado o asumido como tal— de Alonso Cueto, "nuestro Herralde".

He comprobado que muchas veces los vínculos no se copian bien, o aparecen incompletos, así que voy a tomarme la libertad de transcribir dicho comentario en su totalidad. Espero que lo consideres pertinente.

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El AMOR Y EL LABERINTO (ENTRE COMILLAS)

¿No les parece un poco traído de los pelos el intento de explicación de Cueto? Primero trató de salir del paso argumentando que ya había ingresado a El Comercio para la fecha que figura en el artículo supuestamente plagiado. Es más, aventuró que pudo haber sucedido un descuido por parte de los diagramadores, al colocar un texto que no le correspondía bajo su nombre, haciendo hincapié en que ya no acudió a las oficinas de Expreso desde una semana antes de su salida oficial, y recalcando que "No podía por lo tanto haber publicado nada en otro diario el 2 de octubre".

En la misma respuesta inicial a la acusación de plagio, Cueto añadió una suerte de contenida cantinflada al decir "Es posible, entonces, que [...] haya quedado mi nombre en algún cuadro o marco de los diagramadores y haya entrado allí el artículo que a lo mejor encargué a alguien pero que no escribí. Esto, si es cierto el documento".

Ahora, en la carta de descargo que dirige a Correo, nos sale con que la mención a la cobertura de la prensa argentina lo exime de culpa: "Esta clara y explícita referencia a la fuente de la que obtengo el material muestra, a cualquier lector bien intencionado, que no hay ningún plagio ni intención del mismo en el texto", señala el autor de "La batalla del pasado".

Pues, en mi humilde opinión, esto me suena a subterfugio, a una tinterillada de las peores, sobre todo cuando, al revisar detenidamente los textos en cuestión, nos topamos con párrafos "cuidadosamente copiados"; es decir, Cueto se ha dado el trabajo (al igual que el arrogante de Bryce) de modificar palabras puntuales del texto de "La Nación" y pretender hacer pasar como suyos pasajes enteros del artículo de Hugo Beccacece (pueden verificarlo cotejando al detalle los tres últimos párrafos de La Nación con los cuatro finales de Expreso).

Si alguien lee la versión de Cueto por primera vez (sin saber de la existencia de la fuente, claro), de hecho que va a asumir que todas y cada una de las palabras del texto, exceptuando, por supuesto, a las entrecomilladas —pertenecientes a las declaraciones de Kodama—, han salido del saber hacer y amplia experiencia del novelista peruano. Es evidente que nunca fue su intención señalar el origen de las declaraciones de Kodama, ni de la lograda semblanza que alcanza a transmitirnos Beccacece; si ese hubiera sido el caso, hubiera indicado claramente su fuente en el mismo texto o en una nota al final del artículo, ¿no lo creen así?

Por ello, pienso que lo que el llama "esta clara y explícita referencia" es una muestra más de su incapacidad de justificar lo injustificable. Lo que hizo Cueto es, simple y llanamente, un plagio. Una cosa es citar (algo que ahora, tras casi catorce años de la publicación de su nota, lamenta no haber hecho: "Viéndolo en perspectiva estoy de acuerdo en que hubiera sido mejor entrecomillar algunas frases", escribe hoy), y otra muy distinta copiar casi textualmente textos ajenos, meticulosamente retocados con la intención de hacerlos pasar como propios.

Como ya lo han manifestado otros internautas, el plagio implica una falta de respeto al lector y la convicción de que éste es tan ignorante o flojo como para no darse cuenta de la situación... algo que, volteando la tortilla, tranquilamente podríamos decir hoy de los mismos Cueto y Bryce. Así, este artículo de Cueto se encuentra ahora al lado del montón de textos "traspapelados" de Rafo León y el "descuidado" archivo de escritos de Bryce: tres ¿inescrupulosos? escribanos perdidos en medio de su propio laberinto de argumentos y nuestro amor por el buen periodismo.

Mariano Orosco Zumarán

Anonymous said...

El comentario del Sr. Orosco sirve para demostrar lo consecuente que es el Sr. Cueto en su propósito de decir las cosas de manera directa, sin medias tintas. Preguntado acerca del pierremenardístico parecido de su artículo con otro aparecido en un diario argentino, su respuesta es contundente y sin titubeos:

"ES POSIBLE, entonces, que [...] haya quedado mi nombre en algún cuadro o marco de los diagramadores y haya entrado allí el artículo que A LO MEJOR encargué a alguien pero que no escribí."

TAL VEZ, QUIZÁS, NO ESTOY SEGURO, PUDIERA SER, SI PERO NO.

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xicao said...

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