Donde el bloggista le da un brochazo final al tema y responde algunas preguntas
Salió el sol, anoche dormí bien y el tema del amiguismo se ha extendido más de lo que yo mismo esperaba. Pero vale la pena darle una mirada final y dejar consignadas algunas conclusiones.
En primer lugar: agradezco el
comentario en el post anterior de Marco García Falcón, quien tuvo la deferencia de aclarar algunos puntos sobre lo escrito aquí. Creo que nadie puso en tela de juicio ni su probidad, ni su competencia como lector, ni sus gustos. El tema de debate fue una reseña en particular y, sobre todo, la buena o mala comunicación de la información sobre los libros, el
modus operandi del circuito comunicativo literario
. Y así como él dice que su amistad con Iparraguirre no tiene nada que ver con su sincero entusiasmo por El
inventario de las naves, asimismo me gustaría decir que mi a veces excesivo ánimo interjectivo no esconde ningún tipo de animadversión personal contra MGF. En absoluto. No soy ni amigo, ni enemigo, ni sicario ni nada. Simplemente leo y comento. Y el tema de fondo sigue en pie: ¿deben los amigos reseñar a los amigos?
Aquí no vamos entrar al punto de si es válido o no, o si es verosímil pensar que un amigo no pueda acaso dar con claves de lectura certeras sobre el texto de su yunta del alma. El punto es, creo, que esa "institución" pública llamada
crítica literaria -y quiero usar este término muy laxamente, o sea, no importa si eres periodista, académico, reseñista, comentador, graffitero o inagotable garabateador de marginalia- aún en el Perú no tiene muy clara sus propias reglas de juego, su propio código de comportamiento, al punto que todavía seguimos enfrascados en este tipo de inquietudes, y al punto que tenemos un blog como Puerto el Hueco, muy popular, donde sólo se discute un solo tema: el poder de amistades, camarillas, mafias, círculos, argollas, etc. en la literatura peruana. Al menos, desde mi punto de vista, los síntomas dicen mucho y no creo que haya que voltear la cabeza como si fuese una huevadita menor o algo de resentidos. Nica.
Ahora, ¿por qué pasa esto? Creo que por una sola razón: porque a esa institución -en la que estás metido apenas un editor te da un libro y te dice "coméntalo en 500 palabras"- le importa un reverendo huevo el público y el lector común. Antes de internet el feedback de los lectores era muy lentejón y casi nulo, pero ahora las cosas son automáticas y, aunque no me guste la palabra, "democráticas". Es decir, ahora un crítico -que suele ser un patín muy metido en un medio y en un círculo- de pronto se da con la sorpresa de que la masa reacciona, pitea, señala, aprueba y desaprueba. Los bárbaros tocan las murallas de la ciudad y también juegan.
La crítica -al igual que el periodismo- debería ser un servicio, pero eso aquí parece que no interesa. O sea, no importa que un editor moche una reseña que la hace ininteligible hasta para el propio autor y que aparezca así publicada, confusa, con el sello en rojo del "ya que chucha", total, el público es cojudo y no lee. O se traga cualquier huevada. Si
El Comercio tiene un manual de estilo al que sus correctores acuden para dilucidar cualquier duda y separar la paja del grano, ¿cómo así no existe lo mismo -un protocolo, en suma- en el imaginario Departamento de Reseñas de Libros? Un protocolo en el que una de las normas sea: si nuestra chamba no es solo dar "claves de lectura" sino también
valorar un libro, entonces intentemos ser justos, intentemos evitar las falacias
ad hominem, intentemos publicar solo las reseñas que sean claras y bien argumentadas y, por cierto, intentemos no pedirle a un crítico que reseñe a su amigo porque eso podría interferir con nuestros objetivos, a no ser que esa relación se haga explícita. Ninguna de estas cosas atenta contra la libertad de expresión que yo sepa. Sólo ordena la forma de comunicarse con los lectores y evita que los cherrys y que la cultura vista como un gran hall de relaciones públicas, como un trueque de favores, se multipliquen como un virus en nuestras cabezas. Por supuesto, no estoy pidiendo que los reseñistas tengan obligatoriamente su PhD en la Universidad de la Teoría Literaria Total, porque si algo nos ha
demostrado el académico Julio Ortega este año es que ese carnet vale caca si defiendes estupideces. Etica de trabajo, pues. Y, además, la necesidad de tener no sólo reseñistas, sino buenos editores y capitanes de barco.
Suena ilusorio, pero la verdad no sé si este tipo de discusión realmente exista entre la gente dedicada a los libros. En todo caso, así alucino yo que debería ser el mundo de la "crítica" y apenas ese círculo vicioso sea superado recién creo podremos dedicarnos en pleno a desmenuzar como se deben los contenidos. Mientras no pase -y es de suponer que no va a pasar porque el mundo de la literatura peruana es pequeñito y los peruanos somos campeones de la patería-, pues, agárrensen, como dijo Mr. Con Ventilador, porque la gente seguirá jodiendo, seguirá chacoteando, seguirá siendo incrédula, o sea, más o menos como yo suelo leer el Moleskine de Thays.
En fin, para terminar quisiera responder algunas preguntas que se soltaron por ahí en el terreno por momentos baldío de los comments:
Fantomas:
Siempre te leo, asi que voy a insistir con mi pregunta: ¿en verdad crees que hay que ser muy hijodeputa para criticar la obra de un amigo -cuando tu tarjeta personal dice probablemente "critico"-?
Si esto es asi, ¿tambien hay que ser muy huevon para alabar la obra de un enemigo?
Y finalmente, el que dice que una obra es buena cuando en verdad no lo es, solo por amiguismo, ¿es o no es un corrupto?
Saludos,
Jose
Sobre la primera pregunta: entiendo que cuando Jose dice "criticar" se refiere a "hacer leña". Bueno, sí, eso creo. Por eso cité la reseña del Sr. Güich sobre el último libro de Bryce. Los términos que usó sólo son concebibles en alguien que leyó el libro con total independencia, olvidándose si Bryce está mal de la cabeza o pasando un mal rato personal. Yo francamente aprecié la sinceridad. Pero dudo que un amigo pudiera hacer lo mismo: habría que no tener corazón. ¿Alabar la obra de un enemigo? ¿Es posible eso? No diría que es de huevones, sino milagroso. Sobre lo último: no sé si habría que llegar al extremo de llamar a un reseñista amiguista "corrupto". Es sólo un mal profesional.
Ahora, me pregunto si te das cuenta de que estás cayendo en el juego armado por Coral, quien, como bien dice Daniel Salas en El Gran Combo Club, es y ha sido siempre un "gran insidioso", interesado en todo menos en hacer crítica literaria seria y esclarecedora.
Es más o menos notorio que Coral y Salas no se llevan bien. Pero ese no es mi asunto. Coral es Coral, yo soy yo.
Fantomas, hace algunas semanas te planteabas la posibilidad de no volver a postear. Sin embargo -y casi sin querer queriendo- te metiste en el tema literario, que en mi modesta opinión, creo que es tu fuerte. ¿Ya escribiste profesionalmente? Si no lo hiciste aún, debes considerar la posibilidad de hacerlo.
El último comentario es de Vicky y respondo: el blog de Fantomas muere el 31 de diciembre del año en curso. Ya es algo que está decidido. Y, no, jamás escribiré sobre libros. Como dijo alguien por ahí, zapatero a tus zapatos y yo estoy feliz con mi fábrica de calzado.
Fin del tema. Chaufas.